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Comunicación en medios sociales

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LA VIDA «TECNOLOGIZADA»

 Despertarse con la alarma del móvil; desayunar con la radio del móvil; ver una ruta por Google Maps; buscar cualquier cosa que oyes por ahí en Google; creer que ya la sabías sin ayuda de Google; dar los buenos días en Facebook; seguir a una empresa en LinkedIn; difundir una noticia en Twitter; pagar las facturas por Paypal; la compra, por Internet y con servicio a domicilio; una app de negocios a los que jamás irás y con fotografías de cócteles que jamás pedirás; reservar un restaurante o un hotel desde una web de reservas; geolocalizarte con Foursquare; escuchar música desde un USB conectado a una televisión; revisar el correo desde esa misma televisión inteligente; dejar un mensaje a tu socio por Telegram, a tu madre por WhatsApp y a tu ligue por Meetic; desconectar un poco con unas vidas de Pet Rescue Saga; vivir rodeado de cromo, silicio, litio y grafeno; buscar un regalo para tus sobrinos en eBay; poner una reclamación en el área de cliente de alguna web de telefonía; pasar unas hojas de revista con el dedo sobre la tableta; perder el tiempo en Pinterest; investigar GooglePlus; hablar con un cliente por Skype; pagar con tarjeta hasta los cafés; actualizar tus listas de Spotify; buscar un artículo en Dialnet; ver la última conferencia que diste por Youtube para corregir errores; usar papel solo en el baño; calcular todo de memoria (la del portátil); guardar tus declaraciones de la renta en Dropbox; comentar un evento, un programa, un partido, un funeral de Estado desde casa; pensar «¿Por qué levantarse y no hacer clic?»; el móvil entre la cuchara del postre y la copa de vino blanco; que el periódico sea digital; que hasta el botón que facilita las cosas sea virtual; escaquearse del trabajo sin levantarse de la silla; ir a un concierto de una pantalla; verte a ti mismo formar parte de la pantalla; ¿siglo veintiuno o siglo veinte? Cambiar de antivirus porque lentifica; configurar la protección de datos del navegador porque espían; las cámaras de las aceras, las puertas que se abren solas, los guiones de los teleoperadores; la preparación de un café escocés desde un foro de debate sobre cafés; el camarero que no te pone el café escocés porque atiende el móvil; comentar en un blog sobre bares de tal zona que en ese bar que no ponen cafés escoceses; (¿Consultar en la muñeca?) tener que sacar el móvil para saber la hora; el uno punto cero y el dos punto cero; con el tres punto cero alguno se pierde; metacrilato, aluminio, metales pesados, plásticos, contaminación; las redes sociales especializadas en algún tema o grupo humano; pasar la tarde clicando enlaces de Wikipedia, traduciendo en Wordreference y viendo capítulos ya emitidos de series que te perdiste con el alquiler mensual que ya ni sabes cuándo pasan por la cuenta; la bolsa, la moda, el viral, la corriente de opinión; el correo digital y las claves y contraseñas que se cambian cada seis meses (eso dicen que hay que hacer); una caída del servidor, un apagón de luz.

¿Y ahora?

Alfonso Larrea

@alarreag