DIME A QUIÉN SIGUES Y TE DIRÉ CÓMO PIENSAS

 Imagen: obtuso.com

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 Dime con quién andas y te diré quién eres. ¿Cuántas veces has oído eso? Se puede estar de acuerdo o no, pero el refrán impacta.

 Hasta hace unos años, el tiempo cubría todas las cosas solo con polvo o con arrugas. Ahora, la pátina que el tiempo más utiliza es la de la tecnología. ¿Cuántas cosas ya inventadas se han mejorado tecnológicamente, aportando algo nuevo o no? Los refranes también han sufrido este cambio de carrocería, sobre todo el que nos ocupa.

 Antes de empezar, debería decir que, más que «andar», lo que se hace es «seguir». Puedes seguir a través de los medios sociales una revista de arqueología que defienda una hipótesis o un sistema de investigación distinto a otra revista de arqueología, que también sigues. Eso se llama «ampliar la perspectiva para aumentar tus conocimientos y la objetividad de tu pensamiento». Sin embargo, si sigues a un equipo de fútbol y a otro (incluso pueden ser rivales históricos), recibe otro nombre. Parece que para saber quién es alguien, hay que fijarse no solo a quién sigue, sino también de qué sectores son esos usuarios.

 Otro aspecto novedoso de esta versión 2.0 del refrán es la cantidad. La cantidad sirve para saber quién eres por dos vertientes: la primera, que no se trata del mismo modo (o, al menos, no inspiran lo mismo) a un usuario que siga a muchos usuarios y a otro que no siga a tantos. La clave de esto es cuántos te siguen a ti. No serás el mismo si sigues a muchos y hay proporcionalidad con respecto a los que te siguen, que si ambas cantidades son desproporcionadas la una de la otra. La segunda vertiente es la cantidad de usuarios de un sector: si sigues muchas revistas de arqueología, te gusta la arqueología. A secas. Pero si sigues a muchos equipos de fútbol, querido lector, eres periodista deportivo. Ve anotando porque se alarga: usuario que sigues, sector del usuario que sigues, cantidad de usuarios que sigues y cantidad de usuarios del mismo sector que sigues.

 Por último, la mejorada versión del refrán incluye un cambio. «Dime a quién sigues y te diré cómo piensas». Un cambio tonto de nada que afecta a todo tipo de usuarios, sectores y cantidades, pero principalmente en política. Si sigues una o algunas revistas de arqueología, se intuye que te gusta la arqueología, y esas en concreto por diversos motivos (mejores artículos, más afín a tus hipótesis o a tu sistema de investigación…). Si sigues a uno o algunos equipos de fútbol, se intuye que te gusta el deporte, y que sigues a esos equipos en concreto y no a otros o a más por alguna razón personal (equipos de las ciudades en las que has vivido, etc.). Si sigues a algún político concreto, personal e intransferible, la reacción es imprevisible: te pueden acusar de opinar como él, de estar en contra, de querer informarte simplemente o hasta de planear su ruina; si son varios y de distinto partido, igual; si son varios del mismo, hasta peor; si son muchos y variados, amigo, eres corresponsal de la sección de Política.

 Cada vez más se comprende que «seguir» no es necesariamente «compartir». Los medios sociales también han evolucionado a partir de cómo la sociedad ha hecho de ellos su instrumento y, en una etapa de muchos cambios, no puede asociarse prejuiciosamente el pensamiento individual a una hipótesis, unos colores o una ideología. Aunque en semanas anteriores se han lanzado noticias que inspiran esos argumentos, lo cierto es que lo único que dice quién eres o cómo piensas eres tú.

Alfonso Larrea

@alarreag

Posdata:

 En el peor de los casos, lector-usuario, no desesperes: en menos de lo que piensas, todo se da la vuelta y seguir solo a un político es lo habitual, pero ni se te ocurra seguir a la competencia de tu revista de arqueología favorita.