DONDE DIJE «TUIT», DIGO «DIEGO»

 Lauren Powers (Pinterest)

Lauren Powers (Pinterest)

 Espera. Un poco más. Aguanta un poco más. Una vez más. Ya. Listo. Bueno. Repasa una más. Bien. Publico.

 El anterior párrafo debería ser la voz de nuestra conciencia justo antes de tuitear. Twitter es como conducir, todo el mundo quiere hacerlo, hablar de su coche e insultar al resto cuando está en un atasco. El nivel de estrés que los usuarios acumulan es indiscutiblemente alto, en parte por la ingente cantidad de información, datos, titulares, opiniones y chistes malos que reciben. Es como contar las líneas discontinuas de la carretera: tienes que apartar la vista para no marearte.

 Supongo que ustedes, hombres y mujeres de bien, rectos, que cuidan su salud y la de su entorno, recitan como una oración el primer párrafo (lo que yo suponga no sirve de mucho si no lo hacen, no me dejen en mal lugar). Todos nos hemos visto en circunstancias en las que un comentario o un suceso producen el freno en seco de la máquina, donde la irracionalidad aparece. Sucede mucho en fútbol, en los debates televisivos, hasta en el parchís. En realidad, depende de cada persona; todos lo tenemos, pero unos más que otros. Pues bien, seguro que recuerdan alguna información que leyeron, aquel tuit que enlazaba a una noticia bochornosa, un caos del mundo en algún punto de este… Algo que les sobresaltara y les sacara de sus casillas. Si viven en compañía, lo hablarían con el usuario físico más cercano; también podrían gritar a solas, pero es ridículo: la opción mayoritaria, única o en conjunto con una de las dos anteriores, es tuitear lo que piensas.

 Hay gente demasiado fría como para, en mitad del estallido cerebral, tumbarse en paralelo al borde del precipicio. Ese tipo de gente borra este tipo de tuits, o los edulcora. El resto de los mortales se rigen por las leyes de lo elemental: «si lo estoy escribiendo, lo publico». Luego vienen los lloros y las dimisiones, los despidos y los divorcios, la chanza colectiva o el aluvión de críticas; en casos graves pueden existir hasta detenciones y cierres de cuenta, que Twitter no está ahí para ustedes como el Edén, oigan, es un brazo armado para moderar.

 Se preguntarán por qué hablo de Twitter únicamente, cuando críticas, improperios y desatinos encontramos en cualquier otro medio social. Cierto, pero exigen más. Un estado, un post, subir una canción, grabar un vídeo, conseguir una imagen… Todas las barbaridades que se le ocurran ya están dichas en cualquier formato, pero quién se puede resistir al escarnio breve, como hacer una pintada en el muro del instituto. Rápida, anónima o no, directa. Segundos. No necesitas más. Ciento cuarenta caracteres nunca han sido tan fructíferos para la mala leche.

 Espera. Un poco más. Aguanta un poco más. Una vez más. Ya. Listo. Publico. Espera. Ya la hemos liado.

 

Alfonso Larrea

@alarreag