EL ABISMO · JUAN ENRIQUE SOTO

 
SOTO, Juan Enrique.  El abismo , Madrid, Black & Noir, 2018.

SOTO, Juan Enrique. El abismo, Madrid, Black & Noir, 2018.

 

Hay en El abismo de Juan Enrique Soto una proyección didáctica, quizá demasiado barnizada de auctoritas, como una metodología del Duarte (yo, señor, no soy malo): no por casualidad hay referencias a Cela o Rousseau, como también a Conrad, Melville, Machado o Perec; en ese inventario de reflexiones sórdidas uno presupone que, si bien «matar es fácil, muy fácil, si no se piensa demasiado», escribir una novela sobre un asesino en serie sin caminar por sendas donde ya no crece la hierba es casi imposible. Y sin embargo, la novela que publica Black & Noir, por entregas, para leer en el teléfono móvil y con contenido extra en realidad aumentada, posee dos características que deben reconocerse: 1) una original psicología en la relación de las dos voces narrativas; y 2) una profunda crítica (el uso de la ironía no desmerece la esencia) al proceso de investigación policial. Esta última conclusión resulta favorecida por la publicación multiformato que ofrece la edición, permitiéndonos conocer al autor y su otro oficio (analista de conducta en la Policía).

Soto insinúa los puntos de inflexión que engrasan los mecanismos de la obra, pero estos (enfermedad, muerte y abandono) no pasan desapercibidos al lector, porque todos los hemos vivido de un modo u otro. He aquí el otro marco teórico de la novela: todos podemos ser, si no psicópatas, asesinos, porque es en el cerebro donde radican los resortes que la realidad activa con, quién sabe, violentos resultados, igual que los ojos castaños de Ismael son sinécdoque del proceso autodestructivo de los personajes principales (él como sufriente inconsciente, ella como receptora empática de la degradación, acompasando la suya propia y fluyendo ambas por el mismo cauce).

El relato de Eva es de espera, caos atraído por la lógica criminal con la que Ismael equilibra sus tres planos vitales (padre de familia, asesino en serie y alucinado); en este último vive (¿vive?) Eva, Penélope patológica de un protagonista que evoluciona de la rabia a la impotencia, pasando por un soberbio estado de gloria intocable. Pero también nos cabe la posibilidad de alucinación a nosotros, los lectores, y entonces es Eva la demiurga del abismo, empujada por sus circunstancias, su hastío y su frustración; o quizá Ismael no sea sino un desdoblamiento de una mujer herida que necesita un nuevo rol que ordene (salvajemente) su vida.

En cualquier caso, la experiencia de Black & Noir ofrece una literatura negra versátil, acercándonos conocimientos y sensibilidades que recorren y trascienden los esquemas clásicos del género.

Alfonso Larrea